| Conclusión y agradecimientos
El Espíritu del Señor va por delante de
nosotros, preparándonos el camino, inspirándonos y apoyando
nuestro trabajo. Estamos llamados a ir a lugares que quizás nos
son extraños, pero que no lo son para el Espíritu de Dios.
La proclamación que hacemos de la Buena Noticia es también
un descubrimiento del Espíritu de Dios vivo en los corazones de
la gente. Proclamamos la Palabra de Dios a través de nuestras actividades,
nuestra actitud, nuestros servicios y nuestro amor por los pobres, cuya
compañía El prefiere, y también a través de
nuestras palabras. Para proclamar la Buena Noticia de Jesús tenemos
que atender con cuidado los problemas de su gente. De esta forma su Palabra
mantiene toda su fuerza en las vidas de sus hijos.
Durante los tres años que han pasado hemos puesto
mucho énfasis para crear unión entre los 7.000 o más
hombres, mujeres y niños católicos de la Prefectura de Battambang,
que a su vez viven en servicio de sus hermanos y hermanas. Cada día
vemos muchas iniciativas y muchos signos del Espíritu. Nunca será
suficiente nuestro agradecimiento a todas las personas que han contribuido
de una forma u otra, como miembros de una comunidad o líderes,
y a tantos amigos alrededor del mundo.
Agradecemos profundamente a todas las personas que colaboran o financian
nuestros programas. Hemos recibido importantes contribuciones por parte
de la Santa Sede, de la Compañía de Jesús, de las
Misiones Extranjeras de París y de los obispos de Italia y España.
La comunidad de Knae Romeas está apoyada por amigos en Alemania;
la iglesia de Ta Phung ha sido construida con ayuda desde
Japón y Escocia; el Centro Arrupe se inició gracias al generoso
apoyo desde España y Japón. Amigos en todo el mundo, especialmente
en España, nos han ayudado en nuestro trabajo durante estos primeros
tres años.
Una mención muy especial a las comunidades camboyanas que, para
cada proyecto que desarrollamos, participan con su propia contribución.
Sin embargo, la contribución más preciosa de nuestros amigos
aquí en Camboya, especialmente de las personas con discapacidad,
es que nos ayudan a descubrir cada día el rostro de Jesús,
Crucificado y Resucitado. Su rostro sonriente nos trae un mensaje de paz.
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